¿Qué es la motivación extrínseca?

La motivación extrínseca proviene de las fuentes externas ambientales, sociales y culturales que tienen la capacidad de dirigir la conducta y promoverla para la consecución de un objetivo. 

Las fuentes externas tienen la capacidad de dirigir nuestra conducta a través de las consecuencias que provocan, ya sean consecuencias de recompensa o castigo. A diferencia de la motivación intrínseca, la motivación extrínseca es totalmente independiente de la tarea que se realiza, ya que lo que se busca es lo que hay después de su realización, la recompensa. 

Encontramos dos tipos de reforzadores que incitan nuestra conducta y que provienen de la motivación extrínseca. Por un lado, encontramos los reforzadores positivos que son aquellos que aumentan la probabilidad de que ocurra una determinada conducta, por ejemplo, la participación en una competición, el esfuerzo que se realiza está condicionado por el trofeo y el reconocimiento que se obtendrá si se gana.  Por otro lado, encontramos los reforzadores negativos, que son aquellos estímulos externos que reducen la posibilidad de que una conducta se realice. Un ejemplo de ello, es cuando castigamos a un niño sin ver la televisión, por no hacer sus tareas, probablemente la próxima vez realice sus tareas, con el fin de evitar el castigo. 

La motivación extrínseca tiene diferentes objetivos: 

  • Generalmente, se utiliza para alcanzar una recompensa externa como por ejemplo, reconocimiento, premios, dinero… 
  • Puede utilizarse como un puente que nos lleve a la motivación intrínseca. 
  • Las recompensas que se utilizan en la motivación extrínseca, pueden llevarnos a conocer algún ámbito que desconocíamos y que nos provoca un interés. 

Hemos hablado tanto de la motivación intrínseca como de la motivación extrínseca, pero… 

¿Qué es más importante la motivación extrínseca o la intrínseca? 

 Cómo hemos visto hasta ahora la motivación intrínseca surge del interior de nosotros mismos y la propia tarea, a diferencia de la motivación extrínseca, que la propia tarea se concibe como el camino para conseguir algo. Con ello, no nos podemos quedar con la idea que la motivación intrínseca es mejor que la extrínseca, pero como en todo, ambas son buenas en su justa medida y ambas deben estar presentes, sobretodo cuando se trata de motivar a otras personas. 

Algunos estudios demuestran que un exceso de recompensas, es decir de motivación extrínseca, es contraproducente cuando ya existe una motivación intrínseca por parte del individuo, ya que esta puede acabar disminuyendo. Este proceso se le denomina sobrejustificación. 

Por otro lado, la motivación extrínseca puede ser beneficiosa para aumentar la motivación intrínseca, por ejemplo, ofreciendo recompensas externas coherentes con la situación y el progreso, puede hacer que se despierte un interés innato por la actividad, y por lo tanto, una futura motivación intrínseca. 

Una combinación entre ambas sería la mejor opción si queremos motivar a alguien, por ejemplo, esta demostrado que los elogios (motivación extrínseca) crean un feedback positivo en la persona, la cual siente un deseo por superarse, y por lo tanto un aumento de la motivación intrínseca. 

Ambas motivaciones son importantes ya que generan un interés por alguna actividad o proyecto que puede llevarnos a sentirnos realizados a nivel personal, educativo, profesional… 

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